jueves, septiembre 24, 2020

Por Pablo Viola

El tandilense no pudo avanzar más allá de la tercera ronda en el segundo Grand Slam de la temporada y quedó eliminado por el escocés Andy Murray en sets corridos. Su mente y su cuerpo se despojan desde este momento de las canchas lentas, para iniciar su adaptación al césped camino al certamen de Wimbledon.

Del Potro estuvo cerca, tuvo opciones y sin embargo se quedó con las manos vacías. Más allá de enfrentarse con Andy Murray -el número uno del mundo-, en la tercera ronda de Roland Garros, el sorteo había favorecido en esta oportunidad al argentino. Era el mejor cruce sobre esta superficie, respecto de los otros top 4 de la preclasificación.

Si repasamos el partido, veremos que la oportunidad de ganar los dos primeros sets estuvo latente, sobre todo el primero, cuando sacó ventaja de 5-3 y sirvió luego en 5-4. Dispuso de cuatro set points, uno en cada juego mencionado y otros dos en el tie break, tras levantar un 4-6 en el desempate. Nada salió como imaginaba en el momento apropiado y esos gestos de carencia de solidez en puntos clave abrieron camino al escocés, limitado hasta allí en su confianza.

Tan mermado está el Murray actual que en el segundo set dispuso de un 5-3 y no lo definió. Debió esperar a ganarlo 7-5, otra vez teniendo que recurrir a los errores no forzados del tandilense. No es la mejor superficie para el británico, es cierto, no está en su mejor nivel en 2017 -cualquiera haya sido el mes del año -, también. De hecho, debe estar rogando para que empiece el segmento de césped y ver si allí puede adueñarse de la escena.

El tercer capítulo fue para cumplir. Del Potro sabía que al no ganar los dos primeros su físico no podía aspirar a darlo vuelta en cinco sets. Debe haber imaginado lo importante que será llegar entero a la gira que comenzará en una semana en Holanda y emprendió -sin proponérselo- el vuelo mental rumbo a Hertogenbosch, hacia el verde, el de la esperanza, el de la hierba rasurada milimétricamente.

Habrá seguramente un momento de reflexión, dentro de su sintético séquito imaginarán -probablemente, aunque no es segura esta aseveración- la necesidad de un coach para afrontar este mes final de la primera mitad de 2017. Lo cierto es que Juan Martín está deseoso de jugarlo. Sabe que su saque y drive pueden llevarlo a prevalecer.

Para su beneficio, es esencial ganar puntos para el ranking en estas dos semanas venideras -los ATP de Hertogenbosch y Queen’s-, para despojarse de esa incómoda ubicación entre el 29 y 32, que lo privó de mejores caminos en los cuadros diseñados para 128 jugadores. Una buena actuación, un cambio de rumbo mental, pueden proyectar su figura a una meta imaginable para su calidad de jugador.

Fotos: Getty Images

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