viernes, diciembre 4, 2020

Después de muchos contratiempos, el certamen hemisférico recibió luz verde y todo está encaminado para que se juegue con un formato excepcional, sin la participación de Sudáfrica, encapsulado en un mismo país y en semanas consecutivas. Los equipos, con distintas realidades.

Al momento de escribir esta nota todo es alegría. Los Pumas están entrenándose en Australia y el Tri-Nations está confirmado. Todo indica que habrá rugby de selecciones para la Argentina en este conflictuado 2020. Claro que ese mismo carácter indómito que signó este año bien puede hacer que todo cambie de un día para otro. Una vez más. Pero mejor ser optimistas.

Si los cambios que se avecinan no son demasiado drásticos, entre el 31 de octubre y el 5 de diciembre se jugará el Tri-Nations 2020. En una fecha distinta a la habitual, con un formato muy distinto al habitual, con dificultades que se acumulan a medida que pasan los días. Pero lo importante es que, salvo imprevistos mayores, habrá rugby internacional en el hemisferio sur.

La pandemia obligó a postergar la fecha y, también, la modalidad de juego. La última herida fue la baja de Sudáfrica, lo que obligó a reemplazar el tradicional Rugby Championship por el antiguo Tri-Nations, con los Pumas en lugar de los Springboks. Además, ya no serán partidos de ida y vuelta, con una semana de descanso entre un viaje y otro, sino que se jugará encapsulado en un mismo país, Australia, en seis sábados consecutivos, sin pausa, sin posibilidad de reemplazar lesionados, con previa cuarentena de 14 días, con estadios que seguramente no estarán habilitados en su totalidad, si es que se admite público (esta medida se iba a tomar a último momento en función del avance del coronavirus en aquel país). Incluso la participación de Sudáfrica estuvo puesta en duda hasta último momento, al punto que ni siquiera estaba confirmada al momento de cerrar esta edición. Todo indicaba que sí lo haría.

Repaso. La explosión del coronavirus en marzo paralizó al rugby en todo el mundo. Nueva Zelanda fue el primer país en retomar la actividad y apenas dos meses más tarde estaba jugando un certamen de altísimo nivel con sus cinco franquicias profesionales. Australia lo imitó un mes más tarde. Pero las restricciones a los vuelos y el cierre de fronteras hizo casi imposible la disputa del rugby internacional. Casi.

La gran forma en que los países oceánicos controlaron el virus abrió una rendija. Primero se postuló Australia como organizador, aunque rápidamente apareció Nueva Zelanda como mejor opción. Allí el virus parecía estar completamente neutralizado. El Super Rugby se jugó con estadios llenos. Sin embargo, hubo un pequeño brote y las autoridades se alarmaron. Se endurecieron las restricciones y también las condiciones para entrar al país. Entonces volvió a aparecer a Australia con mejores condiciones para hacer cuarentena (y entrenar al mismo tiempo), con mejores facilidades para los equipos, con una mejor oferta comercial y también con posibilidad de jugar con público en los estadios. La Sanzaar se inclinó por esta opción.

El certamen se jugará en dos regiones, Queensland y New South Wales. En tres localidades, Brisbane, Sydney y Newcastle. En cuatro estadios, el Suncorp de Brisbane, el McDonald de Newcastle, el Bankwest de la zona de Parramatta, al oeste de Sydney, y el ANZ, en el corazón de Sydney.

Lo más doloroso es la baja de Sudáfrica. Las autoridades adujeron que, ante la falta de actividad, no estaban en condiciones físicas de afrontar tamaño desafío. Ya habían advertido esta posibilidad desde un inicio, aunque sólo lo confirmaron tres semanas antes del debut tentativo ante los Pumas y obligaron a reformular todo el certamen. Hasta cambió de nombre: Tri-Nations por Rugby Championship.

Las razones son entendibles, pero no son las únicas. Hay una cuestión de orgullo, también. Son los campeones defensores y los campeones mundiales y no van a querer dar ni la más mínima ventaja a la hora de enfrentarse con All Blacks y Wallabies. También hay un trasfondo político. Nueva Zelanda se cortó sola en el Super Rugby y se escindió de Sudáfrica y la Argentina. Los sudafricanos, entonces, mandaron sus franquicias a jugar la Liga Celta a partir de 2021/22. Además, tienen una oferta para jugar el Seis Naciones. ¿Habrá sido el fin de Sudáfrica dentro de la alianza hemisférica?

También Nueva Zelanda amenazó con bajarse, por el hecho de que iba a terminar el 12 de diciembre y la obligatoriedad de hacer cuarentena al regresar a su país significaba que los jugadores no podían pasar Navidad con sus familias. Una nimiedad que los neozelandeses transformaron en una cuestión de estado, más una forma de demostración de poder en medio de un conflicto de altos decibeles con los australianos que una razón de peso. Lo cierto es que casi hace tambalear el certamen. Finalmente se aceptó que el partido que iba a cerrar el certamen entre Australia y Nueva Zelanda se jugara una semana antes del inicio estipulado, generando un desfase en el calendario. A esta altura, igualmente, es lo de menos. Lo importante es que haya rugby.

La Argentina tuvo sus propias complicaciones y debió esperar por la intervención de World Rugby para que se ampliara el período de exención que estipula la Regla 9 que obliga a los clubes europeos a liberar a los jugadores que actúan en el seleccionado.

En cuanto a lo deportivo, está todo dado para que Nueva Zelanda recupere el título. Campeones de seis de las ocho versiones del Rugby Championship, sólo se les escapó en los años mundialistas. Más allá de la estadística, hay razones de peso que le dan la candidatura por afano. En primer lugar, sus jugadores son los que más actividad han tenido a lo largo del año, casi normal entre lo poco que se jugó del Super Rugby tradicional, el Super Rugby local y la Mitre 10 Cup, además del selectivo Norte vs. Sur. También es el equipo que sufrió menos bajas respecto del ciclo anterior y su nuevo entrenador, Ian Foster, estaba al lado de Steve Hansen. Más continuidad que ruptura.

Los jugadores australianos también tuvieron una nutrida competencia. No obstante, el nivel que evidenciaron en su propio Super Rugby fue muy inferior al neocelandés. Además, Australia es el equipo que atraviesa una transformación más profunda. No sólo por el cambio de técnico (asumió el neocelandés Dave Rennie), sino por el profundo recambio de jugadores que dispuso, además de obviar a los que actúan en Europa. Calidad, eso sí, le sobra.

Los más desfavorecidos fueron los Pumas, víctimas de una cuarentena absurdamente larga y estricta y un control sanitario del virus altamente deficiente. Tanto que hasta 15 jugadores se contagiaron cuando empezaron los entrenamientos. La partida a Montevideo por un par de semanas les dio un respiro y la rápida salida a Australia, la posibilidad de enfocarse plenamente en el rugby y en trabajar en la cohesión del grupo. De todos los objetivos con los que llegan, obtener resultados será lo último.

Vuelve el rugby internacional. Vuelven los Pumas. No es poco.

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El fixture

Sábado 31 de octubre – ANZ Stadium, Sydney                             

5:45     Nueva Zelanda           vs.       Australia

Sábado 7 de noviembre – Suncorp Stadium, Brisbane                              

5:45     Australia          vs.       Nueva Zelanda

Sábado 14 de noviembre – Bankwest Stadium, Sydney                            

5:45     Nueva Zelanda           vs.       Argentina

Sábado 21 de noviembre –  McDonald Jones Stadium, Newcastle                                  

5:45     Argentina        vs.       Australia

Sábado 28 de noviembre – McDonald Jones Stadium, Newcastle                       

5:45     Argentina        vs.       Nueva Zelanda

Sábado 5 de diciembre – Bankwest Stadium, Sydney                               

5:45     Australia          vs.       Argentina

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Nota publicada en la revista TRY Mundial #57

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