sábado, septiembre 26, 2020

Hace años que el golf femenino viene sumando nuevos talentos de distintas partes del mundo y, sin embargo, todavía no surge una figura fuerte que reúna el atractivo y el carisma para personificar el deporte

Cuando un deportista se destaca tanto como para que su nombre empiece a multiplicarse en los diarios, revistas y programas de televisión, sube la vara a un nivel tan alto que cuesta imaginar quién podrá ser su heredero, tanto en talento como en carisma. A mayor cantidad de figuras, más crece el interés del público en ir a ver los torneos o en seguirlos a través de la pantalla, con todo lo que eso implica en términos de auspiciantes y ganancias. En el golf masculino, los mundialmente reconocidos Dustin Johnson, Justin Rose, Brooks Koepka y Rory McIlroy luchan permanentemente por ser el mejor. Y ahora que Tiger Woods volvió al ruedo, la escena está más atractiva que nunca. En cambio, algo muy distinto sucede en el ámbito del golf femenino, donde hay pocos signos de que una figura como la de Tiger Woods esté por irrumpir en el centro de la atención.

Los últimos 11 majors han arrojado 11 campeonas diferentes, las últimas cuatro menores de 24 años. Esto indica tanto jugadoras emergentes como una paridad en el nivel que hace el juego muy competitivo pero no por eso más atractivo. Y su escasa exposición hace que muchos amantes del deporte ni se imaginen lo entretenido que puede llegar a ser el golf femenino. Según Michael Whan, Comisionado de la LPGA -Ladies Professional Golf Association- el circuito está luchando por tener una mayor exposición televisiva en los Estados Unidos, donde la principal plataforma de difusión es Golf Channel. El tour también ha tenido alguna que otra aparición en el canal NBC pero sigue siendo poco en comparación a la extensa cobertura del golf masculino como la que hace Fox. Whan reconoció públicamente que no haberle dado a la LPGA más despliegue en TV es uno de sus fracasos: “Sé que debo arreglar eso. Es lo que faltó para llegar adonde yo pensé que estaríamos 10 años después”. A su favor, explica que ha habido un gran progreso: “En 2010 tuvimos 100 horas de TV sobre golf femenino y el 65 por ciento fue en vivo. Este año tendremos 500 horas de golf y el 90 por ciento será en vivo”. Si bien se ha renovado el contrato con Golf Channel por dos años más, vale preguntarse si con la aparición de jugadoras tan jóvenes no hay también una oportunidad de difusión en otro tipo de plataformas que la TV por cable para captar el interés de nuevos públicos.

Nancy López fue una de las figuras más populares en la historia del golf femenino

Claro que la aparición de una estrella facilitaría las cosas. Durante los años 60, las miradas habían estado sobre dos golfistas estadounidenses: Kathy Whitworth -que acumuló 88 torneos ganados, más que cualquier hombre o mujer en la historia del deporte, además de seis majors, siete premios a la jugadora del año y su presencia en el Salón de la Fama- y Mary Kathryn “Mickey” Wright, con 82 títulos y 13 majors, entre estos cuatro U.S. Women’s Open, también miembro del Salón de la Fama y considerada como la mejor golfista hasta el momento. Pero fue en 1976, con la aparición del primer major de LPGA (conocido por entonces como Dinah Shore) que un torneo de golf femenino tuvo mayores ratings que el Greater Greensboro Open masculino, disputado en la misma semana. Enseguida emergió la figura de Nancy López quien, con una personalidad atractiva para las cámaras, ayudó a elevar el interés y la curiosidad por el golf femenino, ampliando las audiencias. Nancy consiguió 48 victorias en el circuito, incluyendo tres majors, fue considerada la mejor rookie de la historia y la jugadora del año en cuatro oportunidades. Dicen que desde su retiro en 2002, la LPGA busca por cielo y tierra alguien con su carisma y talento para convertirse en el centro de la atención.

En los años 80, la australiana Jan Stephenson saltó a la fama por su parecido con la actriz de moda Farrah Fawcett. Pero esa reputación de chica sexy del Tour varias veces le hizo sombra a lo buena jugadora que era, ya que lideró los tableros casi toda su carrera, ganó 16 títulos, incluyendo tres majors y el U.S. Women’s Open de 1983.

Durante los años 90 y la década del 2000, fue la sueca Annika Sörenstam quien ocupó el lugar de la mejor golfista femenina de todos los tiempos. Fue número 1 del mundo durante casi dos décadas desde que ganó el U.S. Women’s Open en 1995 hasta su última victoria en el circuito en 2008. Ganó 93 torneos -72 de estos del LPGA Tour- y 10 majors y fue jugadora del año ocho veces. Ingresó en el Salón de la Fama en 2003 y al año siguiente recibió el Premio Laureus a la mejor deportista. No había dudas de que su retiro dejaría un vacío muy difícil de llenar.

La sueca Annika Sörenstam y la mexicana Lorena Ochoa Reyes en el Augusta National Women’s Amateur disputado en el Augusta National Golf Club

Luego llegó la mexicana Lorena Ochoa Reyes, que en su corta trayectoria, de 2003 a 2010, logró 27 victorias en el LPGA Tour, incluyendo dos majors. Considerada la mejor golfista latinoamericana de todos los tiempos, ingresó al Salón de la Fama en 2017 pero se retiró a los 28 años para dedicarse a su fundación y a su familia.

Desde entonces, el trono permanece vacante y el golf femenino sigue en la búsqueda de una estrella como Annika o Lorena; alguien con el talento, la gracia y el carisma que hace falta para atraer nuevos adeptos al deporte.

Todo indicaba que la candidata sería Michelle Wie, la norteamericana que a los 10 años clasificó a su primer torneo amateur y a los 15 ya era profesional, rompiendo todos los récords. Sin embargo, triunfó apenas cinco veces en una carrera plagada de lesiones que aún no le permiten saber qué nivel de competitividad tendrá en adelante.

Michelle Wie en el KPMG PGA Championship en el Hazeltine National Golf Club de Minnesota

Algunos se animan a señalar a Maria Fassi como “la próxima superestrella de la LPGA”. Esta mexicana de 21 años, hija de un argentino y recientemente graduada de Arkansas, parece estar lista para la fama según ha comentado a la prensa: “Me gusta interactuar con la gente y sonreír o hacer chistes con el público del otro lado de la valla”. Pero ¿podrá su actual popularidad trasladarse a todo el Tour?

Maria Fassi en el KPMG Women’s PGA Championship en el Hazeltine National Golf Club de Minnesota

En los Estados Unidos sostienen que el golf femenino no escasea de figuras carismáticas pero que éstas suelen ser extranjeras y por lo tanto tienen una influencia más significativa en sus países de origen. Un gran ejemplo es Corea del Norte. Tras haber ganado el U.S. Women’s Open en 1998, Se Ri Pak inició una revolución en el golf en esa pequeña nación asiática que inspiró a muchas mujeres jóvenes. Hoy, más de dos décadas después, 12 de las mejores 25 golfistas del mundo son de Corea del Sur. Un número muy importante teniendo en cuenta que Estados Unidos, un país con una población muchísimo mayor, tiene apenas cuatro jugadoras entre las mejores 25. Pareciera que el golf simplemente importa más en Corea del Sur y que en popularidad, las mujeres asiáticas se destacan más que los hombres.

Por nombrar algunas, Sung Hyun Park, quien en 2017 se convirtió en la primera rookie desde López en ganar el premio a la jugadora del año, es recibida en su país con la misma fascinación que una estrella de rock o una banda pop. De allí también surgió Lydia Ko, ex número 1 del mundo, quien ganó nada menos que 12 títulos en tres años (2014-2016). Sin embargo, con apenas 22 años cayó al puesto 17 y hoy pelea por destacarse de la multitud. Otro caso es el de la surcoreana Jin Young Ko, que este año ganó dos torneos, incluyendo su primer major, el ANA Inspiration, para escalar al puesto número 1. Su compatriota Inbee Park -que ocupa el puesto número 6 tras haber ganado 14 torneos en tres años (2013-2015)- se sorprende de que cada vez que vuelve a Seúl la paran por la calle para pedirle autógrafos, mientras que en Estados Unidos, donde vive la mitad del año, pasa totalmente desapercibida. “Me encanta ese estilo de vida en Corea y acá nadie me reconoce”, asegura, argumentando que en Norteamérica la gente está más atenta a deportes como el fútbol americano o el básquet. Y en el caso de la tailandesa Ariya Jutanugarn, de 23 años, es tan famosa en Asia que ya se está haciendo una película de su vida. En este lado del mundo, al menos, pareciera que el furor por las golfistas mujeres está lejos de disiparse. “Creo que va a pasar un tiempo hasta que veamos a alguien dominando como Tiger o Annika, que gane 10 veces al año. Creo que (esta situación) es mejor para las jugadoras. Motiva a un montón de chicas y nos hace trabajar todavía más en nuestro juego”, señala Inbee Park.

Si esta nueva ola de jugadoras calificadas que emergen de todo el mundo es mejor para el crecimiento del golf que el dominio de una o dos estrellas, el tiempo lo dirá. También hay que admitir que cuando hay un solo favorito el factor sorpresa disminuye. El hecho de que hoy haya muchas jugadoras destacadas y que cualquiera de ellas pueda ser la próxima campeona genera su cuota de intriga y atractivo.

Texto: Belén Sainz-Trápaga

Fotos: Getty Images

Nota publicada en la revista GOLF Mundial #58.

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