sábado, septiembre 19, 2020

Por Pablo Viola

El mejor sobre canchas rápidas, sobre canchas lentas, el mejor contragolpeador, el más veloz, el de mejor reacción o de mejores cualidades relacionadas con la actitud en momentos críticos. Al jugador perfecto es imposible encontrarlo en el ámbito profesional de un deporte individual, porque se unen muchos elementos y cada uno posee en ese sentido fortalezas y debilidades.

El tenis masculino ha desarrollado variables en la última década y media, donde las certezas se debatieron entre tres o cuatro nombres. Solo ellos han sido capaces de dominar en su mayoría una era que, en otros tiempos, estaba reservada para jugadores que compartían la excelencia entre una decena de exponentes -o más- en ese espacio temporal.

El elemento de comparación que se utiliza mayormente es el de los títulos logrados en su carrera, el de los duelos entre sí, el de cantidad de victorias consecutivas o eventos ganados en un mismo torneo. Todos esos datos se conjugan en superestelares atletas que han hecho historia en el tenis. No cabe duda al respecto. Federer, Djokovic y Nadal han ingresado cada uno de ellos al Olimpo del deporte blanco.

Sin embargo, a la hora de amalgamar cada una de las piezas, lo de Roger Federer adquiere un elemento insustituible que es la práctica de la disciplina, la sincronización en cuerpo y alma, la grandeza en pequeños momentos, el asombro ante el hecho más simple, la sensibilidad. En síntesis, el goce del deporte, ni más ni menos. Estar dispuesto a disfrutar de una velada como si fuera una obra teatral u otro espectáculo artístico. El verdadero y único paradigma del tenis.

La temporada 2017 reservó momentos mágicos desde aquella consagración en Australia. Nos preguntamos a mediados de enero, en pleno Abierto de Australia: “¿Será este el inicio de un ciclo de recambio que se ha gestado paulatinamente en los últimos años o entraremos en otra fase de complemento entre las figuras de la última década y media?” La respuesta no tardó en llegar, Federer y Nadal hicieron retroceder el tiempo y solo ellos se pusieron el circuito al hombro.

Ganar Indian Wells fue la confirmación de lo sucedido en Melbourne. Allí Federer y su grupo se dieron cuenta que el trabajo durante el segundo semestre de 2016 -en el que estuvo fuera del circuito-, le rindió notables beneficios. En California decía: “El objetivo era ser top 8 después de Wimbledon porque si hubiese caído pronto en Australia me habría ido fuera de los 35 mejores. Ahora tengo que replantearme las metas”. Las metas se cumplieron y superaron.

Un gran elemento que sostuvo su regreso a la actividad fue volver darse la oportunidad en Wimbledon, ganarlo por primera vez desde 2012 y por octava ocasión en su carrera. En solo medio año, con los puntos sumados hasta aquí, Federer ya es el tres del mundo. Tan solo con la suma de cinco torneos: dos Grand Slam -Australia y Wimbledon-, dos Masters 1000 -Indian Wells, Miami- y el ATP 500 de Halle. Sus dos derrotas fueron en torneos 500 y 250 -Dubai y Stuttgart- y ante jugadores fuera del top 100.

Si de récords se tratara el asunto, Federer batió a sus antepasados William Renshaw y Pete Sampras, representantes del siglo XIX y XX, y desde este domingo es el único vencedor del torneo más importante del mundo en ocho oportunidades. En esta octava consagración, el suizo ganó por primera vez sin ceder sets en todo el torneo, igualando la gesta de Bjorn Borg -en la Era Abierta- en su primera conquista en 1976, y las de Donald Budge 1938, Tony Trabert 1955 y Chuck McKinley en 1963, todos antes de la apertura al profesionalismo.

Federer llegó a los 19 torneos de Grand Slam y volvió a poner el margen de cuatro sobre Nadal como en el segmento temporal desde el cierre de Australia y la finalización de Roland Garros. Esos 19 títulos se dieron en sus 70 participaciones en torneos mayores, una marca que ahora comparte con Fabrice Santoro. Uno de cada cuatro torneos de ese nivel -siendo el que más los ha jugado- se los apoderó. Marcas imposibles de imaginar.

“Ganar ocho títulos en Wimbledon no es un objetivo que uno se pueda marcar. En mi caso fui un chico muy normal mientras crecía en Basilea. Siempre lo soñé, creí en mí y esperaba que algún día pudiera convertir todos esos sueños en realidad. Trabajé mucho para lograrlo”. El mágico momento actual es el más fresco en materia de declaraciones, gane o pierda. Es posible que esa soltura a la hora de pensar su nuevo mundo tenis, versión 2017, sea parte de estos resultados.

El partido ante Cilic no tuvo historia más allá de los primeros cuatro games, cuando Federer debió salvar algún break point. Pareció haber ingresado inquieto, además de ser exigido por los envíos del croata, quien paso a paso se fue desdibujando. Nadie comprendió los motivos del llanto del balcánico al promediar el partido. Angustiado, tardó en regresar a la cancha mientras conversaba con los médicos. Recién al cierre del segundo set se pudo visualizar el cambio de vendaje sobre su pie izquierdo.

El torneo ya parecía resuelto. Federer celebraría una nueva conquista en su casa. No hay mejor sitio para definir la grandeza de su gesta que el lugar magno de este deporte, aquel que All England se encarga de magnificar en cada edición. “Honestamente, todo el trabajo previo para llegar a Wimbledon estaba basado en la salud. No se trataba del juego en sí. Era ponerme en buen estado físico para poder competir con los mejores y jugar siete veces al mejor de cinco sets. Ese era mi objetivo”.

Un trámite el final, el juez de silla cantó “new balls” y Federer se aprestó a servir en el décimo game. Como si la progresión del partido y esa variable de los nueve juegos para disponer de nuevas esféricas amarillas se hubieran confabulado también. Los excelsos movimientos del maestro gestaron las notas exactas y sus cuerdas prodigiosas interpretaron la música más agradable. El espíritu Federer, presente en el aire de Wimbledon, se percibió con todos los sentidos.

Singles Caballeros – Final
(3)Roger Federer (SUI) a (7)Marin Cilic (CRO) 6-3, 6-1, 6-4

Dobles Mixtos – Final
(1)Jamie Murray/Martina Hingis (GBR/SUI) a Kontinen/Watson (FIN/GBR) 6-4, 6-4

Singles Caballeros Juniors – Final
(8)Alejandro Davidovich (ESP) a Axel Geller (ARG) 7-6(2), 6-3

Dobles Caballeros Juniors – Final
(2)Axel Geller/ Yu Hsiou Hsu (ARG/TPE) a (3)Rodionov/Vrbensky (AUT/RCH) 6-4, 6-4

Singles Tenis Adaptado – Final
Stefan Olsson (SUE) a (2)Gustavo Fernández (ARG) 7-5, 3-6, 7-5

Fotos: Getty Images

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