jueves, septiembre 24, 2020

Pasaron 17 años y alrededor de ocho meses para que la espera culminara, ayudado por una salida desviada de Rose -en el primer hoyo de desempate- que le quitó algo de presión. Aquel joven que con apenas 19 años se transformó en la revelación del PGA Championship 1999 -en la jornada del segundo título major de Tiger Woods-, creció a la sombra de las frustraciones propias y ajenas.

Más del doble de su vida se vio perseguido por un estigma, el del mejor jugador sin un grande en su carrera. En medio de esa ausencia de logros, 12 títulos del European Tour, 9 del PGA Tour -incluido The Players 2008, su conquista más importante hasta la victoria en Augusta- y 5 victorias con el equipo europeo de la Ryder Cup en 8 participaciones, un historial ilustre a no ser por ese lunar expuesto por todos, como si un gran campeón no pudiera convivir con la ausencia de un grande.

Y en ese contexto de la ausencia de torneos mayores y las oportunidades perdidas, una situación que se reiteró ayer en Augusta National, en el hoyo 72. Un putt para ganar similar al que tuvo en el Open Championship 2007, en Carnoustie, cuando parecía que el título estaba en su poder ante Padraig Harrington y lo perdió en el 72 primero y luego en el desempate a cuatro hoyos. Casi 10 años transcurrieron de aquel hecho.

DUELO EUROPEO EN AUGUSTA

La de ayer fue otra batalla épica, rodeada por una actitud que recorrió los 18 hoyos de la última ronda de esta edición del Masters, el de la camaradería entre dos grandes protagonistas del golf del Viejo Continente de las últimas dos décadas. De hecho, las carreras de Rose y García se trazan en paralelo, casi surgidos en el mismo momento: el inglés con aquella actuación inolvidable en el Open 1998 -fue cuarto como amateur- y Sergio en el mencionado PGA de 1999.

Ese respeto entre ambos se extiende también a su convivencia en los distintos equipos de la Ryder, donde coincidieron en cuatro ediciones y ganaron un par de ellas. Los dos saben de la importancia de una competencia por equipos y también de mantener los valores en la cancha, aun midiéndose mano a mano por un título insustituible y de un valor tan enorme como lo era el poder apoderarse del tradicional saco verde.

El mano a mano del domingo tuvo a García como el protagonista en el inicio, con dos birdies en los primeros tres hoyos y un bogey de Rose en el 5. La ventaja del español fue el primer aviso para tomar un margen de tres golpes, situación neutralizada por el inglés en los hoyos 6, 7 y 8 con tres birdies consecutivos. Al llegar al tee del 10, el resultado que reflejó el tablero era el de recién iniciar la jornada.

En el regreso, Rose pasó al frente, por propios méritos y por los errores de su rival, quien cometió dos bogeys al arrancar los últimos nueve -hoyos 10 y 11- y pareció despedirse cuando su salida en el par 5 del 13 cayó en un lugar casi imposible. Salvó el par y el británico cometió el desliz del torneo. Su putt para birdie no entró y funcionó de despertador para el español.

De allí en adelante se enfrascaron en un duelo mano a mano con picos altos, como el birdie del castellonense en el 14 y el águila en el 15, situaciones que despertaron a un público que abandonó definitivamente el interés por el resto de los participantes, más allá del hoyo en 1 de Matt Kuchar en el 16. Ninguno de los otros integrantes del field pudo vulnerar el seis bajo el par, situación que los postergó al duelo por el tercer lugar.

En ese mismo recinto del 16, otros dos golpes a la bandera con oportunidad para birdie de ambos. Golpeó doblemente primero Rose, en el orden de juego y con el acierto, mientras la pelota de García no cayó al objetivo. El 17 equilibró las acciones con el bogey del inglés y en ese ir y venir de sensaciones, fue el español el que tuvo a disposición el título en el green del 18, pero el destino le tenía preparado una prueba más, para poner a trabajar sus nervios y demostrar que esta fue su mejor versión.

El día del 60º aniversario del natalicio de Severiano Ballesteros, 18 años después de ser el mejor amateur del certamen -acompañando a José María Olazábal en aquel inolvidable segundo título de su compatriota en Augusta-, Sergio García se convirtió en el tercer español que se calzó la chaqueta verde. Nadie deseaba tanto una victoria como lo más selecto del mundo del golf. Justo reconocimiento a un campeón que ya se sacó el estigma de esa esquiva corona en forma de major.

FOTOS: Getty Images

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