jueves, octubre 1, 2020

Víctima de la pandemia, la franquicia argentina está obligada a reinventarse ante la cancelación del Super Rugby tal como se lo conoció hasta ahora. Quesada fue el primero en dejar un equipo que ahora busca una competencia donde encontrar una nueva razón de ser.

La nueva normalidad que le espera al mundo después de la pandemia no contempla la existencia de Jaguares. Al menos no de la forma en la que se conoció hasta ahora. Si continúan, no tendrán a los mejores jugadores del país, no jugarán en la Argentina, no serán la base del seleccionado. Si es que continúan. Porque el riesgo de extinción también es concreto. Y aunque sigan, Jaguares ya no será lo mismo. Al menos por un tiempo. Hasta que la nueva normalidad quede vieja.

A causa de la pandemia, Australia y Nueva Zelanda cerraron sus fronteras y decidieron armar sus propios Super Rugby locales, cada uno con sus propias cinco franquicias. Y anunciaron que harían lo propio en 2021, cuanto menos en la etapa regular. Así, Jaguares quedó en un limbo que va más allá de las cuestiones geográficas. Lo concreto es que la UAR le avisó a los jugadores más renombrados que tenían libertad para buscar un nuevo destino en clubes del exterior.

La ecuación es sencilla: que Jaguares no juegue en la Argentina, que los hinchas no puedan llenar Vélez, que no vengan Beauden Barrett, Damien McKenzie y Siya Kolisi, que ya no estén los principales jugadores hace que el atractivo no sea el mismo. Ni para los hinchas, ni para los patrocinadores, ni para la televisión, que es el principal sostén económico de la franquicia. Entonces, sostener una estructura como la que existía hasta hoy, se hace imposible. La UAR necesita liberarse de los contratos más onerosos, recortar otros y buscar un nuevo horizonte para Jaguares.

El primero en irse fue Gonzalo Quesada, nada menos, la pieza fundamental para que Jaguares pasara de ser un equipo del montón a uno de los mejores del mundo. Recibió una oferta de Stade Français y no tuvo más opción que acertar. La UAR no hizo mucho por retenerlo. Al contrario. No había pasado una semana de que la noticia adquiera status público que se ya efectivizó su partida.

Enseguida empezaron a aparecer los rumores de intereses de clubes del exterior por jugadores argentinos. Que Emiliano Boffelli a Racing 92, que Julián Montoya a Leicester, que Guido Petti a Stade Français. En Francia, que dio por terminada la temporada 2019/20 sin campeón ni descensos, el libro de pases cierra en enero y hay tiempo de negociar, así que hay tiempo de negociar. 

Boffelli fue el tryman histórico de Jaguares con 21 conquistas

Crisis global, efecto local

La pandemia provocó una crisis inmediata, pero también tuvo efectos colaterales. El Super Rugby 2020 y de la ventana internacional de julio fueron las primeras víctimas fatales. El Super Rugby es un certamen con equipos de cuatro continentes que tienen que surcar en cuestión de semanas todo el globo terráqueo. Y en ese contexto, Jaguares es el eslabón más frágil sin contar Sunwolves que de cualquier forma ya había quedado al margen por cuestiones deportivas. Jaguares es el único representante de la Argentina, mientras que Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia tienen cuatro o cinco franquicias, e incluso potencial (jugadores y estructura) para algunos más. Es decir, pueden darse el lujo de encerrarse y aun así tener ligas competitivas.

La posición geopolítica tampoco ayuda. La Argentina es el único país de la región que está a la altura de las potencias. En cambio Nueva Zelanda y Australia tienen una relación histórica de enfrentamientos (de hecho es el Test Match más repetido en la historia) y Sudáfrica no está tan lejos de Europa, como quedó demostrado con el Pro 14.

Claro que no es lo mismo jugar entre sí que medirse con equipos de otros países (Australia especialmente necesita del roce internacional para enriquecerse), por lo que el resultado de los Super Rugby locales puede ser determinante para un regreso a la normalidad para cuando la pandemia sea sólo un mal recuerdo.

La pandemia no hizo más que exponer la fragilidad de esta realidad del rugby argentino. Si no hay competencia, no hay televisación, los contratos con los patrocinadores quedan en una especie de nebulosa legal y los ingresos disminuyen abruptamente. Por ejemplo, los jugadores de Jaguares sufrieron un recorte del 30% de sus salarios desde que se paralizó el rugby. En Nueva Zelanda y Sudáfrica llegó al 40% y en Australia escaló hasta entre el 60 y el 80%. En la Argentina se suma un agravante: ESPN, que tiene los derechos del Super Rugby en el país, ya no tiene competencia desde el momento en que Disney, la empresa madre, compró Fox Sports. La parálisis y el carácter imprevisto de la pandemia le abren la puerta para reformular el contrato.

Domingo Miotti, una de las apariciones de 2019 que fogueó Quesada

Esto no hizo más que echar leña sobre una crisis preexistente, sobre todo en Australia y en menor medida en Nueva Zelanda, donde aun antes de que la pandemia cambiara todo ya había voces que pedían por distanciarse de Sudáfrica y la Argentina. Principalmente por todo lo que conlleva los viajes a otros hemisferios y husos horarios: de gastos, principalmente, y de desgaste de los jugadores, por el otro. El fracaso de Nueva Zelanda en el Mundial de Japón no contribuyó. Entonces sacaron provecho de la situación contractual para realinear sus filas. Esto no implica necesariamente la disolución del Super Rugby ni de la Sanzaar.

El contrato por el Super Rugby entre Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y la Argentina finaliza el 31 de diciembre del corriente año. Durante 2019 la Sanzaar había anunciado que entre 2021 y 2025 el Super Rugby pasaría a jugarse con 14 equipos, es decir, los 15 de los últimos dos años menos Sunwolves de Japón. Sería, como antes de 2016, con formato de todos contra todos más playoffs. Sin embargo, a marzo de 2020, Australia, de los cuatro países involucrados el de peor rendimiento en los últimos cinco años, estaba en plena negociación por los derechos televisivos, que en todos los casos es la fuente de ingreso principal y decisiva. Sobrevino el Covid-19 y el vínculo por los próximos cinco años no se llegó a rubricar. Y ahora Australia y Nueva Zelanda optaron por resguardar primero sus propios intereses.

Las opciones

Ante esta situación, Jaguares queda en una posición de vulnerabilidad extrema. Nueva Zelanda tiene cinco franquicias y puede sostener por sí sola un certamen ultraprofesional. El Super Rugby local comenzó el 13 de junio. Australia tiene cuatro y va a sumar a Western Force, desafiliado en 2018, aunque no le resultará sencillo autosostenerse, ya que el rugby está en retroceso. El certamen 2020 arrancó el 3 de julio. Sudáfrica está más complicado por la propagación del virus. Pensando en 2021, tiene jugadores, equipos y público de sobra, pero también ya tiene un certamen profesional propio (la centenaria Currie Cup) que le resta sentido a otra competencia local.

¿Cuál será el destino de Jaguares? Todavía es muy temprano para decirlo. Hoy, cuando todo es incertidumbre, la mejor alternativa que aparece es aliarse una vez más con Sudáfrica. De concretarse, sería un equipo distinto al que conocimos hasta ahora, incluso con una finalidad distinta. Y aun así, hay chances de que sea inviable. Después, en 2022, si el coronavirus deja de ser una amenaza, se verá si conviene retomar el rumbo anterior o si el realineamiento impulsa un formato superador.

Para seguir existiendo, Jaguares necesita insertarse en una competencia. Necesariamente, por las condiciones sanitarias que fuerza el coronavirus (al menos hasta que aparezca una vacuna, si es que esto ocurre alguna vez), deberá instalarse en otro país. La condición ideal sería que el Super Rugby se jugara fronteras adentro durante la temporada regular y, a lo sumo, que Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica se reúnan en los playoffs. Por antecedentes, lo más plausible sería que Jaguares se instale en Sudáfrica para participar de esa conferencia. Y si no fuera posible aunar en algún momento a los tres países, Sudáfrica seguramente optaría por potenciar su centenaria Currie Cup, lo que sería otro destino deseable para Jaguares. Esta modalidad ya ocurrió dos veces en la historia: Con Pampas XV entre 2010 y 2013 para disputar la Vodacom Cup, que ganó en 2011, y el año pasado en la disputa de la segunda división de la Currie Cup, que Jaguares XV conquistó.

Jaguares había arrancado la temporada con una convincente goleada ante Lions

Otra opción más lejana, aunque comercialmente apetecible, es salir del hemisferio sur y desembarcar en la Liga Celta haciendo sede, por ejemplo, en España, como alguna vez se pensó como posibilidad de ingresar al Seis Naciones. La Guiness Pro 14, como se la conoce comercialmente, reúne a equipos de Irlanda, Gales, Escocia, Italia y Sudáfrica. Con un poco de voluntad, trabajo e imaginación, no es imposible.

En estos casos, lo que resultaría más difícil de conjugar es la cuestión logística. Instalarse cuatro meses en Sudáfrica o un país europeo, en primer lugar, implica una erogación considerable, aun si el anfitrión cede el alojamiento como ocurrió con Pampas XV durante los cuatro años que jugó la Vodacom Cup (2010/2013). Pero esto es lo de menos. En primer término, despedirse de Vélez y jugar todos los partidos en Sudáfrica representa una merma en el atractivo en sí del equipo, lo que lógicamente representará una disminución en el aporte de la televisión (decisivo) y los patrocinadores. Ergo, el presupuesto para el plantel se reduce.

La menos atractiva es la posibilidad de ir por una opción regional. Integrarse de alguna forma a la Superliga Americana, que en 2019 tuvo una fugaz aparición hasta que el coronavirus paralizó al mundo. Por lo poco que se pudo observar, el nivel está todavía a años luz de lo que se pretende de un equipo que sirva para desarrollar jugadores con capacidad de integrar un seleccionado de primer nivel mundial. De todas, es la opción menos deseable. Además, la situación de la región en términos sanitarios de América Latina dista mucho de ser susceptible de

Más apetitoso, en todo caso y de cerrarse todas las otras puertas fronteras afuera, es potenciar un certamen local interprovincial con los mejores jugadores del país, que seguramente sería mucho más competitivo que un torneo regional. Desde varios sectores se empezaron a hacer oír voces a favor del regreso del Campeonato Argentino o alguna forma de certamen interpladares. El impedimento, otra vez, sería la oposición de los clubes y la dicotomía profesionalismo-amaturismo, especialmente en el seno de la URBA.

Los principales jugadores, en su mayoría, buscarán nuevos destinos, profundizando la sangría que se produjo luego del Mundial de Japón con las salidas de Pablo Matera, Ramiro Moyano, Tomás Lavanini y Martín Landajo, entre otros de menor renombre. No sólo por una cuestión salarial, pero también por lo que implica, sobre todo para los más experimentados que ya formaron una familia, estar cuatro meses distanciado de sus seres queridos y en un ámbito desacostumbrado para jugadores de elite (ya suenan la Universidad de Pretoria y Potchefstroom, donde estuvo Pampas XV cuando fue campeón en 2011, como posibles albergues).

Santiago Chocobares ante Stormers, uno de los cinco debutantes de 2020

La pretensión con la que se gestó Jaguares pierde así razón de ser. Desde su aparición en 2016, Jaguares se pensó como un equipo que les permitiera a los jugadores argentinos desarrollarse en el máximo nivel competitivo y con un estilo y un calendario uniformes que les permitiera alcanzar un rendimiento óptimo individual y colectivo a la hora de ponerse la camiseta de los Pumas. Más allá de que esto nunca se haya llegado a plasmar en los cuatro años de existencia, de subsistir debería reinventarse con un sentido nuevo. Lo lógico: el de desarrollar jugadores para tener una base amplia para el seleccionado, que pasaría a estar como hasta 2015 basado principalmente en los que actúan en Europa. En ese sentido, adquiriría un cariz similar al de Pampas XV, aunque en un estrato muy superior de competencia.

Un punto a favor: World Rugby está trabajando en unificar los calendarios del norte y del sur, lo que favorecería esta coyuntura. Además, la crisis también está afectando a los clubes de Inglaterra y Francia, que iniciaron un proceso de recorte de salarios, según un informe del New Zealand Herald. La contratación de jugadores extranjeros se verá limitada. De cualquier forma, la UAR tendrá un arduo trabajo por delante para conformar un plantel competitivo.

La alianza del sur se mantiene inalterable a nivel de seleccionados. La posibilidad de jugar el Rugby Championship 2020 es concreta. Se disputaría entre octubre y noviembre íntegramente en Australia. Claro que para que esto ocurra, primero la Argentina tendría que mantener un nivel razonable de esparcimiento del virus y luego acordar entre ambos países permisos para atravesar las fronteras y extremar las medidas sanitarias.

Que haya un equipo con camiseta naranja que se denomine Jaguares no implica necesariamente que Jaguares siga existiendo. Cuando se reconfigure, será una bestia distinta. El desafío es seguir teniendo un equipo profesional y que siga siendo autosustentable. Aunque lo consiga, ya no será lo mismo. Al menos por 2021.

Quesada marcó una era

No es de extrañar que el primer nombre de peso en dejar Jaguares fue el del entrenador Gonzalo Quesada. Él fue la piedra fundamental sobre la que se construyó el equipo que hizo historia al llegar a la final en 2019. Menos de una semana después de que se conociera la noticia de que la UAR había dado libertad de acción a jugadores y staff para negociar con clubes del exterior para descomprimir su situación financiera, Quesada aceptó el ofrecimiento de Stade Français, club que ya había dirigido en el pasado.

“Me cuesta hablar; no es lo que imaginaba hace pocos meses”, dijo Quesada en una teleconferencia organizada por la UAR. “Hace poco estábamos volviendo de Sudáfrica con una bronca tremenda. Pensábamos que el empate que nos dieron con Highlanders era lo más grave, pero hace poco me llamaron de la UAR para darme una comunicación muy transparente para contarme esta incertidumbre alrededor de Jaguares, en la que yo no iba a tener un rol por un buen tiempo. Luego apareció una oportunidad concreta, se la presenté a la UAR y me apoyaron. Es una oportunidad de liberar un buen contrato y ayudar en ese sentido”.

Quesada dirigió a Stade Français entre 2013 y 2017, período en el que le dio el único título de liga (2015) en los últimos 12 años. Además conquistó la Challenge European Cup. El ex apertura de Hindú y de los Pumas había regresado a la Argentina a mediados de 2018 luego de 18 años en Francia, que pasó como rugbier y como entrenador, y se había instalado recientemente a una vivienda que había adquirido en la zona norte del conurbano bonaerense. “Es un lindo desafío volver a un club en el que viví cosas muy fuertes. Sigo convencido de que la decisión de volver a Argentina fue la mejor que tomé como entrenador. Vivo a 15 minutos de Casa Jaguares, de la casa de mis padres y de mis hermanos. Voy a dejar mis cosas en el altillo. De mi lado las puertas están abiertas para volver”.

Texto: Alejo Miranda

Fotos: Prensa Jaguares

Nota publicada en la revista TRY Mundial #56.

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