jueves, septiembre 24, 2020

Por Pablo Viola

Nadie dudaba sobre las condiciones de Garbiñe Muguruza, pero dentro del desarrollo del jugador siempre existen dudas y la parte mental en el crecimiento es esencial. La gran carta de presentación de la española -nacida en Venezuela- fue en Roland Garros 2014, cuando venció en segunda ronda a Serena Williams por un doble 6-2.

En el transcurso de estos tres años, Muguruza convivió con su talento, con su potencial y con su carácter, difícil de sobrellevar, tanto que Alejo Mancisidor su exentrenador apenas si continuó ese camino ascendente tras la derrota en su primera final de Grand Slam disputada en La Catedral ante Serena en 2015, con la propia profecía generada por la estadounidense en la entrega de premios: “Garbiñe, algún día ganarás este trofeo”.

Ese carácter fuerte, dominante, es el que la llevó a salirse de su cauce en ocasiones y, de hecho, cuando se repasan sus consagraciones las mismas son demasiado espaciadas. En estas cuatro temporadas en el primer nivel, apenas siete definiciones y cuatro títulos y entre la consagración en Roland Garros 2016 y ésta de Wimbledon 2017, ni siquiera un título de menor rango.

Algo de ella explotó tras la eliminación en París, más allá del trato del público en su caída ante Mladenovic. “Me preguntan desde hace mucho tiempo sobre todo esto y pienso mucho. Este periodo ha sido una parte de mi carrera que se ha acabado… Creo que es un privilegio haber podido venir aquí como defensora del título. Pocas chicas pueden decirlo. Lo que más me duele es la derrota”.

Había que volver a trabajar desde lo mental, junto a Conchita Martínez, la capitana de la Fed Cup, quien había estado con ella en la transición tras la despedida de Mancisidor y el arribo de Sam Sumyk. Una urgencia familiar en Los Ángeles la dejaba sin su coach para llegar a Londres y la campeona de Wimbledon 1994 recogió el guante. Que mejor que afrontar un nuevo inicio desde el 15º del ranking WTA y en un escenario inolvidable para quien fue la lugarteniente de Aranxta Sánchez en los 90.

“Hemos compartido mucho tiempo juntas (con Conchita Martínez) y no solo en Copa Federación. Ella me entiende como jugadora porque ha estado allí. Me aporta una visión diferente: puede saber cómo me siento, las ganas que tengo de hacerlo bien… Siempre lo pasamos bien y por ahora las cosas funcionan. No podía escoger para un Grand Slam a alguien que no me conociera o que no tuviera experiencia” señaló Muguruza.

En su título en Wimbledon, Martínez venció a Navratilova en la final, y en esta -ante la ausencia de la reina Serena del circuito WTA desde el reconocimiento de su embarazo- Venus retornaba a la definición, con su tenis remasterizado, el que la había llevado a la final de Australia en esta temporada y que prometía darle una vez más la oportunidad de alzar un trofeo de Grand Slam.

El cotejo se movió por esos carriles, sin demasiadas oportunidades de quebrar, hasta el décimo game, que pudo torcer el rumbo de la historia, casi como la metáfora del anillo en el film “Match Point” de Woody Allen. El 15-40 y doble set point para Venus fue la oportunidad desperdiciada de quedar a mitad de camino y ese primer set point en particular, fue el que estuvo más cerca de ganar la norteamericana, en un extenso duelo desde la base.

¿Puede un solo punto modificar el panorama de una final? Sí, no caben dudas. Ese pequeño instante consumado en favor de Muguruza fue el sostén a una serie de nueve juegos para la nacida en Caracas. El 7-5 y 6-0 quedó establecido en una hora y 17 minutos. Sabor a poco para lo que parecía iba a ser un partido cerrado, pero bien estructurado por la ganadora, que no cedió un set desde el primero del partido ante Kerber, el único que perdió en el torneo y sin necesidad de tie breaks en los 14 que ganó.

“Creo que he sabido restarle de buena manera, ha sacado muy fuerte y yo he sabido ser agresiva, pero también he sabido trabajar el punto y jugarlo. Ha sido una combinación de ser agresiva y saber jugar” señaló con plena conciencia de sus actos Muguruza, quien reconoció no haber disfrutado tanto de aquel Roland Garros y estar feliz por esta victoria en Wimbledon. Su rostro denotaba plenitud, un mes después del angustiado llanto parisino.

El tenis femenino tiene un presente distinto al de los años previos. La ausencia de Serena Williams ha permitido que la carrera hacia la consagración este abierta y, más allá del liderazgo errático de las Kerber, Pliskova o Halep -quien no pudo concretarlo aún en los hechos-, la temporada incluye a Venus, Ostapenko y Muguruza entre las candidatas a llevarse el cetro anual.

Mientras tanto, Muguruza sonríe, el sueño del segundo grande ya lo cumplió. “Me veo como una amenaza para ganar a cualquier otra jugadora. No pienso en el número uno, para el número uno se tienen que dar muchas cosas. Me gusta más ganar torneos como este que ser número uno”. Sin embargo, son esas victorias a las que aspira, las que pueden generar, en consecuencia, el mejor lugar del ranking WTA. El mundo del tenis imagina lo inmediato y observa a la española con su sonriente presente de campeona de Wimbledon y un inmenso futuro, todo para ella.

Singles Damas – Final
(14)Garbiñe Muguruza (ESP) a (10)Venus Williams (USA) 7-5, 6-0
Singles Junior Caballeros – Semifinales
Axel Geller (ARG) a (1)Corentin Moutet (FRA) 1-6, 6-3, 6-3

Dobles Junior Caballeros – Semifinales
(2)Axel Geller/Hsu (ARG/TPE) a Ellis/ Martineau (AUS/FRA) 7-6(5), 6-7(3), 10-8

Fotos: Getty Images

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