sábado, septiembre 26, 2020

En los 15 años de historia que tiene el deporte en la provincia, Eduardo Pastoriza fundó dos clubes, primero La Vicentina y actualmente Vallegrande. Reconocido por la AAP, cuenta en esta entrevista su lucha por mejorar la infraestructura y cómo empezaron a hacer los caballos de polo “desde cero”

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Eduardo Pastoriza es catamarqueño y tiene 43 años. Es Ingeniero Civil y si bien trabaja en una empresa constructora de edificios en altura y en la inmobiliaria familiar, además de haber sido Diputado de su provincia, siempre ha sido una persona de andar a caballo. De chico, su familia tenía casa en la zona de El Rodeo y Las Juntas, un sitio muy verde con un microclima agradable para pasar los veranos en familia. “Siempre hemos sido gauchos con mis hermanos, mis primos, mis amigos”, recuerda. Y cuando volvían a la ciudad para la época escolar mantenían actividades a caballo aunque más recreativas que deportivas.

-¿Cuándo fue tu primer acercamiento al mundo del polo?

-Al polo me invitó mi hermano, hace como 15 años, cuando empezaron a jugar acá dos o tres muchachos amigos. Uno de ellos -Mario Guardo, hoy delegado de la Asociación acá en Catamarca- armó un lugarcito en su casa en una finca que se llamaba La Inesita y ese fue el primer lugar donde se empezaron a congregar jugadores y, en definitiva, donde nació nuestra pasión. Intentábamos conocer un poco cómo era el polo porque acá nadie nos enseñó nada, hicimos todo desde cero. Empecé a ir los fines de semana a aprender cómo se ensillaba, cómo se vendaba, cómo se ataba la cola. Nosotros mismos preparábamos nuestros caballitos, que imaginate los caballos que eran… unos burros digamos. Después me compré mi primer caballo y la primera montura, y después otro caballito y así… con los años me di cuenta que era una actividad para tomarla en serio.

-¿Cómo se te ocurrió fundar el club Vallegrande Catamarca Polo?

-La primera cancha que yo hice en Catamarca fue en un lugar que se llamaba La Vicentina. Era grande pero no reglamentaria. Ese primer club lo creamos con mi hermano y un amigo, y ahí empezaron a aparecer jugadores nuevos. Comenzamos a aprender con la ayuda de tucumanos y santiagueños, aunque educación formal no tuvimos nunca. Yo aprendí cayéndome. Me tomó 10 años aprender a montar. No me enseñó nadie a taquear ni nada. Pero un día me di cuenta que el lugar que arrendábamos para La Vicentina no tenía futuro. La tierra estaba en una zona bastante urbana y en cualquier momento nos iban a pedir esa propiedad. Entonces me compré una parcela en la Colonia Nueva Coneta. De a poco empecé a limpiarla, a forestarla, le hice una represa, preparé el lugar para hacer una cancha, la nivelé, tiene un sistema de riego… lo fui haciendo de a poco. Desde 2017 tenemos el orgullo de decir que es el primer club oficial de la AAP en Catamarca, un logro gigante para una provincia que practica este deporte hace solo 15 años.

-¿Y cómo fueron llegando los jugadores?

-Somos varios jugadores catamarqueños que nos estamos dedicando, consiguiendo mejor infraestructura y creciendo en este deporte, de tal manera que se ha afincado con fuerza y en nuestro club nos gusta decir que día a día “escribimos la historia del polo en Catamarca”. La mayoría veníamos de La Vicentina. En este momento, activos y con infraestructura, somos 10 jugadores. También hay algunas mujeres y algunos chicos jovencitos de 18 o 19 años, que les enseñamos cuando eran más chicos, a los 14 o 15. Es un semillero de chicos universitarios. En total seremos 20 jugadores pero activos, los que jugamos regularmente la temporada completa, no mucho más de 10.  

-¿Qué tal es la temporada allá? ¿Qué tipo de torneos juegan?

-Como acá no tuvimos casos de coronavirus hasta julio hemos podido jugar prácticas en pleno invierno, cumpliendo todos los protocolos. Acá se puede jugar prácticamente todo el año. La mejor época va de febrero a fines de mayo porque es cuando hay mejor clima, mayor humedad y no corre tanto viento. Ahí hacemos nuestros torneos con la participación de jugadores de Tucumán, de Santiago del Estero, de La Rioja, de Salta, de Córdoba. No tienen nombre, generalmente les ponemos Torneo Vallegrande y la copa del sponsor principal. Para nosotros fue un logro poder jugar seis chukkers en las prácticas porque antes jugábamos solo cuatro. Yo estoy jugando la liga de 4 goles y he jugado torneos de 8 goles en Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba. El torneo más importante que tuvimos fue el día que ingresamos a la Asociación Argentina de Polo.

-¿Cómo se dio ese paso?

-Nosotros nunca pensamos que podíamos ser parte de la AAP porque hasta el día de hoy seguimos luchando con la infraestructura. Pero vino de visita Alberto Goti, quien era vicepresidente en ese momento, y vio el club. Y vio el esfuerzo que hago porque yo le he dedicado mucho a esto. Es sacrificado. En los últimos 15 años me dediqué a tener infraestructura, hice dos canchas. Es permanente el trabajo del corte, el riego, los lugares para las caballerizas. Tenemos pasturas, alfalfa para darles de alimento. El lugar está surcado por los valles, lo que le da un marco muy lindo. La cancha tiene un suelo muy bueno, parejo, le pusimos tablas… cumple todas las reglamentaciones. Y ellos nos dijeron que esta cancha podía inscribirse, que por qué no lo intentábamos. Y bueno, eso hice. ¡Intenté y me dieron bolilla! ¡Yo, de caradura! Y vieron que estaba en condiciones y que había un proceso serio. No es un deporte para tomarlo a la ligera.

-¿De dónde sacan los caballos? ¿Tienen crías allá?

-Al comienzo usábamos caballos mestizos de acá, criollos. Empezamos con lo que teníamos a mano. Caballos de carrera, cuartos de milla, mezclas. Era un desastre. Cruzábamos alguna yegua buena. Después, a medida que fuimos creciendo, pudimos ir valorando las diferencias entre un caballo bueno y un caballo malo. Un paso importante fue que empezamos a hacer los caballos de polo desde cero. En el club tenemos nuestro stud, digamos. Yo tengo mi cría y la mayor parte de mi palenque son caballos de cría mía. He comprado algún caballo en Tucumán porque ellos tienen más experiencia, tienen sangre y genética de polo. También he comprado a algún amigo de Buenos Aires que tenía algún descarte que a mí me servía por la genética. Así he ido armando y tengo un palenque de ocho jugadores pero entre madres y potrillos tengo un total de 16 caballos. Mi energía está en tratar de montarme un poco mejor. Tener un polo argentino para nosotros es difícil. Yo nunca monté un polo argentino. Dar ese salto genético permitirá que Catamarca empiece a tener una línea superior de polo.

-¿Qué pasa cuando llega alguien al club que quiere aprender?

-Al que se quiere iniciar le hacemos el aguante. Somos cuatro los jugadores que tenemos nuestro carro y un palenque un poquito más amplio. Algunos tienen tres, cuatro o cinco caballos y se van armando de a poco. Le prestamos lo que tenemos, lo ayudamos una o dos temporadas por una cuestión de camaradería y de vocación de generar nuevos jugadores. Algunos tienen real interés y comienzan a mostrar un progreso.

-Te entregaron el Premio Tractor en reconocimiento al trabajo que estás haciendo para promover el crecimiento del polo…

-Sí, el año pasado tuve la inmensa sorpresa de recibir el Premio Tractor creado por la AAP en reconocimiento al esfuerzo de estos años. Es cierto que vengo haciendo mucho por el bien general del polo pero igualmente fue una sorpresa para mí. Podría haber pensado solo en mi crecimiento y mis caballos pero pensé en todos, en que todos tengamos cancha. Nunca pensé que podía recibir un premio semejante, que la Asociación podría valorarme a mí de esa manera. Disfruté muchísimo ese día en Palermo. Lo sentí como un honor. Me gusta promover el polo, crear espacios nuevos, organizar torneos y actividades en la naturaleza y generar vínculos de amistad deportiva con las provincias vecinas. Además, quisiera lograr el grado óptimo de institucionalidad para nuestros clubes jóvenes y que aún tienen mucho que aprender para funcionar como un colectivo solidario, serio y virtuoso.

-¿Qué crees que le hace falta al polo de las provincias para seguir creciendo y poder llegar a un nivel competitivo?

-Es distinta la situación de todas las provincias. Córdoba tiene muchos años de polo, tiene muchos clubes, muchos jugadores; Tucumán tiene varios clubes y cada uno con dos o tres canchas, también con muchos jugadores; Santiago del Estero iba teniendo un progreso impresionante y después se quedó un poco pero también tiene potencial de crecimiento, y nosotros somos los nuevitos. Hay mucha diferencia entre Salta, Tucumán, Córdoba y nosotros, Catamarca. Acá, particularmente, creo que hay tres ejes en cuanto a lo que más necesitamos: por un lado, mejorar nuestros caballos. Algo hemos logrado pero la diferencia es importante. Que sean caballos de polo. Lograr que nuestros petiseros aprendan bien la hechura del caballo de polo. El segundo salto es la infraestructura, que lamentablemente es muy cara. Poder arenar bien nuestras canchas, tener máquinas arenadoras, equipo de riego, una pulidora. Yo llevo 15 años cuidando canchas… las riego por inundación. Tengo una desmalezadora y una pulidora, y las cuido yo. Es realmente un milagro lo que hacemos con nuestra cancha. Si tuviéramos cañones y equipos podríamos tener más canchas y se ampliaría nuestra posibilidad de juego. Y por último, un apoyo de jugadores de polo de mayor handicap, que nos enseñen técnicas de taqueo, tácticas de juego, entendimiento, reglas. Un poco de educación formal polera.

-¿Tus hijos juegan?

Tengo un hijo de ocho años al que no le gusta tanto y yo no lo incentivo porque me da miedo, es un deporte peligroso. Yo me apuré, le quise enseñar muy chiquito y una vez se me cayó feo y quedé muy acobardado. Se me escapó la yegua y se me fue muy ligero. Y la verdad es que se pegó un flor de golpe.  Y tengo otro de 2 años que anda prendido a los caballos pero no soy de inculcárselo. Si ellos lo quieren hacer tienen todo. Yo amo los caballos y por eso elijo esta actividad. No soy un gran jugador (ni creo que logre ser ningún crack nunca) pero amo la vida en la naturaleza, rodeado de caballos, de amigos y de familia. A las prácticas van todos con sus hijos y se divierten mucho con los caballos. Y ahí yace una concepción importantísima de Vallegrande: el deporte, la naturaleza y la familia.

Texto: Belén Sainz-Trápaga

Fotos: Gentileza Eduardo Pastoriza

Nota publicada en la revista POLO Mundial #114

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