sábado, septiembre 26, 2020

La temporada inglesa estuvo a punto de caerse, pero se pudo jugar gracias a un protocolo de seguridad que obligó a algunos cambios reglamentarios.

Empezaron jugando con blue jeans y terminaron sin barbijos. La adaptación fue compleja, pero poco a poco el polo se fue acercando a su esencia. Que se haya podido jugar en medio de la pandemia, ya es para festejar. Además, sentó un importante precedente para ser imitado en el resto del mundo, incluida la Argentina.

Esto ocurrió en la final del Trofeo Príncipe de Gales. Les Lions estaba luchando por acercarse a Park Place cuando el fullback Santiago Laborde le pegó un tacazo a la pelota con fuerza en dirección al territorio opuesto. Tan fuerte, que la pelota de plástico se rompió en dos mitades. Resultado: penal para el equipo contrario desde el lugar donde aterrizó el balón. Como las nuevas reglas impuestas por la pandemia de coronavirus no permiten los throw-in, a veces ocurren injusticias.

Al final, la jugada no fue decisiva en el resultado de la conquista de Park Place, pero reflejó el extraño escenario en el que el polo emergió del estancamiento mundial para vencer al coronavirus. Al menos, por primera vez, a los jugadores se les permitió usar pantalones blancos en lugar de jeans azules como en los partidos anteriores y la final no pareció una práctica.

Para que esto fuera posible, el polo debió adaptarse. Para ello, instauró algunos cambios reglamentarios. El más ostensible fue el de eliminar los throw-ins, que generó una serie de variantes para sustituirlo según la jugada. En los primeros partidos, los jugadores debieron jugar con blue jeans, pero para la final del Trofeo Príncipe de Gales esta situación ya estaba normalizada.

Pero aún así parece incómodo ver a jugadores con barbijos. Incluso fue divertido ver a los árbitros tratando de silbar con ellos. Más que incómodo, era difícil respirar a través de ellos mientras jugaban en una tarde soleada de 31ºC en el Royal County of Berkshire. No cabe más que felicitarlos a todos, ya que respetaron la norma a rajatabla.

“En los días en que hace un poco de calor, es bastante difícil respirar y no es tan fácil jugar”, dijo a La Nación Facundo Pieres. “Para mi gusto, hay un par de cosas un poco raras. En nuestro deporte, siendo tan grande la cancha y habiendo nada más que ocho jugadores, el barbijo no es tan importante. No pasa nada, no hay tanto contacto. Acá, en el fútbol están todos transpirados y hay mucho más contacto, en los córneres se agarran, se toquetean, y los dejan jugar sin barbijo”.

Incluso la temporada, que debió reprogramarse y empezó más tarde de lo acostumbrado, con la Gold Cup disputada antes que la Queen’s Cup, al contrario de lo que históricamente ocurre, estuvo a punto de suspenderse. Luego de que los jugadores hicieran un gran esfuerzo por viajar hasta Inglaterra y se formaran los equipos medio a las apuradas, el gobierno británico entró en cuenta que había jugadores amateurs involucrados (los patrones), cuando sólo había autorizado la práctica del deporte a profesionales. Debió intervenir The Hurlingham Polo Association ante las autoridades y explicar que los patrones son parte indispensable para la práctica profesional del polo en Inglaterra y entonces sí pudo rodar la bocha.

Para jugar, los involucrados debieron someterse a rigurosos controles y mantener, toda vez que no estuvieron en acción, la distancia social pertinente. Se limitó el número de petiseros y demás integrantes de cada organización y se los obligó a utilizar barbijo en todo momento. Para que hubiera menos gente involucrada, se impuso un tope de 10 caballos por jugador, lo que generó descontento de las organizaciones más grandes.

“Acá siempre son muy proayuda al caballo, para que no le pase nada, pero con menos gente se hace más difícil cuidar a los animales”, agregó Facundo. “Siempre necesitamos gente para que los haga caminar, por si se cansan. En ese sentido, la restricción no ayuda. Creo que hay un par de cosas fundamentales y que hay que cumplirlas, porque el virus sigue estando y todavía hay que cuidarse. Pero hay otras que podrían hacer mejor. Van aprendiendo de a poco”.

Les Lions ganó el sorteo y optó por saque en lugar de cancha y anotó en su primera posesión. Park Place respondió de la misma manera luego de que recuperaron la pelota con un penal en su propia yarda 60. Esta nueva regla, por la que no se cambia de lado después de cada gol sino en cada chukker, favoreció un juego de ritmo rápido, pero obliga a preguntarse si la esencia del polo no está alterada.

“A los 20 segundos ya sacaba el contrario, y eso es un poco apresurado. El throw-in les daba un poco de respiro a los caballos. A esa regla no la veo como buena alternativa para el animal”, describió Alejandro Muzzio, reemplazante de Jeta Castagnola en Les Lions.

En definitiva, el distanciamiento social es imposible de lograr en un deporte donde el contacto y la fuerza son vitales, y algunas reglas como evitar los throw-ins en definitiva parecen no tienen demasiado sentido.

“Uno se acostumbra un poco a todo”, agregó Adolfo Cambiaso. “Está bueno que sean estrictos en todos los temas sanitarios y que vayamos a la cancha solamente los que trabajamos. Cómodo no es, pero hay que estar agradecido de que estamos trabajando, de que estamos jugando, y hay que hacer foco en eso. Estamos todos cumpliendo los protocolos y por el momento se está jugando sin problemas. Hay que cuidarse. Se extraña un poquito el throw-in, se pone un poco monótono sacar siempre. No queda bueno; para el que mira, es un poco empalagoso, como aburrido. Siempre saque, siempre saque… Eliminar el throw-in es como… qué sé yo, sacarle el scrum al rugby. Pero en general, nos adaptamos“.

Por ahora, disfrutemos de que el polo ha vuelto.

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