Las 10 rivalidades mas grandes del tenis mundial

En todas las épocas, dejando a un costado el odioso tema de las com­paraciones que jamás desemboca­rán en nada concreto, las figuras más importantes del tenis siempre tuvieron desafíos: el de su propia concepción deportiva -buscando la perfección para ser los mejores- y el de neutralizar el mismo esfuerzo de sus más tenaces rivales. Todos ellos, cuando tomaron una raqueta y evolucionaron para destacar­se sobre el resto, pusieron en el horizonte ese mismo objetivo superior, el que los hace úni­cos dejando una marca histórica inviolable.

Dentro de ese encuadre y limitando el aná­lisis al segmento profesional que se inició en 1968, sobran los ejemplos de grandes rivali­dades. Porque fue una constante que se re­pitió desde entonces: al surgimiento de un tenista brillante, con características técnicas y tácticas bien definidas, la respuesta “natu­ral” de este deporte fue generar otro con pro­piedades opuestas. Para graficarlo mejor: a grandes sacadores, grandes devolvedores, por ejemplo. Y en ese espacio tan atrayente que originan los campeones, se fueron sucedien­do los “duelos”, muchos de ellos considerados casi mitológicos. De una lista no extensa pero sí poblada de casos fantásticos -por la atrac­ción que ejercieron sobre las masas consu­midoras-, es difícil separar diez para un “top ten” y, menos, establecer un orden de impor­tancia. Por esa razón, las citas que siguen fue­ron escalonadas aleatoriamente, saltando por diferentes períodos, cada uno con su encanto que sirvió de anzuelo para atrapar el interés del mundo del tenis.

 

SAMPRAS-AGASSI

Pueden considerarse los grandes archirriva­les de la generación anterior a la actual. Por la calidad que desplegaron, especialmente en superficies rápidas, fueron animadores de in­numerables instancias decisivas. Oficialmen­te se midieron 34 veces, con saldo positivo para Pete Sampras, que ganó en 20 oportu­nidades, cuatro de ellas en torneos de Grand Slam (contra una de Andre Agassi). Jugado­res de muy diferente personalidad, tanto den­tro como fuera de la cancha, aunque ambos dejaron una huella de estilo contundente. El saque y el drive de Sampras fueron descomu­nales; la devolución y el revés a dos manos de Agassi, para los libros. Cada partido entre ellos fue memorable, tal vez con una marcada línea operativa que se repetía, pero abundan­te de situaciones ofensivas-defensivas que na­die olvidará fácilmente. Una perla, que bien puede considerarse como resumen de sus en­frentamientos, fue el punto que cerró el pri­mer set de la final del US Open 1995 a favor de Sampras: después de un intercambio de 20 o 25 golpes, que llevaban destino de winner pero volvían con más pimienta todavía, “Pis­tol” logró un revés cruzado muy abierto que le acreditó el parcial por 6-4. Los espectado­res en el estadio Louis Armstrong aplaudieron de pie durante tres minutos. Años más tarde, cuando Sampras se retiró, Agassi le dijo: “Has sido el más grande”, abriendo la eterna polé­mica que jamás será esclarecida.

 

NAVRATILOVA-EVERT

Separadas por apenas dos años de edad, las dos fueron quebrando las marcas del tenis femenino profesional. Un ejemplo categórico de cómo atacar y cómo defenderse, dándole un vuelco técnico al tenis de las damas conocido hasta entonces. Mar­tina Navratilova, transformada en una verdadera atleta por su trabajado físico, obviamente quedó muy por encima del resto, históricamente hablan­do. Sus números superan cualquier cálculo y uno de ellos muestra su rango: ganó 167 títulos indi­viduales (primera absoluta incluso sobre los varo­nes, donde el estadounidense Jimmy Connors po­see 109). Es increíble la cantidad de partidos en el circuito oficial que disputaron Navratrilova y Chris Evert : 80. La balanza se inclinó levemente para la primera, con 43 victorias contra 37, en un lapso de tiempo que abarcó entre 1973 y 1988. Fueron 15 años donde ambas se repartieron los títulos más importantes, definiendo -algo que etiqueta con le­tras de molde la influencia que tuvieron- nada me­nos que 18 finales de Grand Slam.

 

BORG-MCENROE

Si se recrean las secuencias individuales de cada uno, como jugadores y como “civiles”, es indudable que representaron la gran dife­rencia de cómo sentir el tenis. El sueco Björn Borg, caratulado como el “hombre de hielo”, era concentrado, callado, metódico; con una inconcebible regularidad en sus golpes que llevó a la máxima expresión. Podía pasarse ho­ras pegando en la misma dirección, muchas veces esperando el error del rival pero con un fin bien claro: mellar las fuerzas de quien estu­viera enfrente, red de por medio. Para el esta­dounidense John McEnroe, todo lo contrario: extrovertido, irascible, el “niño terrible” del tenis mundial, con una muñeca tan flexible como ingeniosa que no conoció límites para los ángulos. Cuando se enfrentaban, lo hacían también dos estilos opuestos, nuevamente el ataque y la defensa. Terminaron igualados en el head to head: 7-7. Lo más recordado en­tre ellos es la final de Wimbledon 1980, con aquel distintivo tie-break del cuarto set, que se definió por 18 a 16 a favor de McEnroe. Duró 20 minutos y, en el inicio del desempa­te, el sueco contó con tres match points que no pudo aprovechar, al colocarse 6 a 3. De to­das formas, Borg ganó por quinta vez en el All England, por 8-6 en el quinto set. Muchos lo consideran el mejor partido de la historia.

 

GRAF-SELES

Si bien parecía que la yugoslava Monica Se­les era mucho más joven que la alemana Steffi Graf cuando estaban en el circuito, apenas se llevan cuatro años. Ambas fueron precoces, pe­ro Graf comenzó a ganar antes y su supremacía total la ejerció en 1988, al obtener nada menos que el “Golden Slam”, quedándose con los cua­tro grandes títulos y la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Seúl (le ganó a Gabriela Sabatini en la final). Seles recién tuvo nivel pa­ra medirse con Graf en 1989 y sus partidos re­sultaron notables, principalmente por la poten­cia de ambas y el tono dramático que Seles le imprimía con gritos en cada golpe. El historial quedó a favor de la alemana con 10 triunfos y 5 derrotas, pero es un rubro que no puede medir­se con exactitud y, mucho menos, con justicia: la yugoslava fue apuñalada en abril de 1993, durante el torneo de Hamburgo (por un desor­bitado fan de Graf), cortando abruptamente su carrera. Potencialmente, entonces, podría ha­ber ganado varios encuentros más contra Graf. Nadie puede afirmarlo.

                    Leé el texto completo en la edición Nº 24 de Tenis Mundial