Sudamericano de Optimist
El lugar común habla de la suerte del principiante. Una pizca de eso habrá en todo desafío, quién sabe… Aunque esta vez no hay un gran resquicio para la fortuna en la historia de Ignacio Varisco, flamante campeón sudamericano de la Clase Optimist, que se consagró, ni más ni menos, que en su primer campeonato fuera de la Argentina, en una etapa plena de ansiedad, descubrimiento y aprendizaje. Tal vez en este caso se trate del talento del principiante… La táctica y el empuje lo guiaron a la consagración en una competencia de alta exigencia y aguas agitadas. Hubo muchos nombres importantes y una ardua disputa. Los apellidos y las circunstancias se conocerán más adelante, durante un relato que describirá cada una de las vivencias y las emociones por igual. Detrás del argentino quedaron el peruano Javier Arribas y el brasileño Leonardo Lombardi. El balance excede las meras cuestiones deportivas. Nacho va más allá, mucho más allá… Y habla de la experiencia como de un conjunto de significados. “La verdad es que tenía muchas ganas de correr un campeonato internacional. No esperaba que me fuera tan bien. Lo disfruté mucho. Sobre todo porque hice muchos amigos de otros países. También fue muy lindo el festejo con el equipo argentino. Creo que no hubo nada feo”. Se habla de un momento enriquecedor porque a los 13 años todo parece nuevo más allá de las fronteras argentinas, incluso por más que en un suspiro se está del otro lado del Río de la Plata. “Viajamos por Buquebus con los chicos del equipo argentino, los dos entrenadores, Borra (Rodrigo Benedetto) y Pájaro (Marcos Montanaro) y la team leader, China (Silvia Piccinini)”. Ya a la distancia, con el trofeo en un lugar resplandeciente de su casa, será cuestión de no perderle pisada a los otros aspectos de su vida: “Ahora me estoy tratando de poner al día con el colegio. Para ir al Sudamericano tuve que tomarme dos semanas, una de entrenamiento y otra para el campeonato en sí. Los sábados y domingos nos entrenábamos en el club o corríamos campeonatos”. Precisamente, los estudios son una parte importante, aunque Nacho dice que aún no tiene decidido qué carrera seguirá, no descuida las obligaciones escolares. El transcurso del certamen, entre el 25 de marzo y el 4 de abril, confirmó lo que se intuía desde un principio: el alto nivel de la flota. Entre posiciones reñidas y sin más confirmación que el esfuerzo diario alcanzará con un dato para confirmarlo. El peruano Sinclair Jones, actual campeón del mundo, terminó en el 8° puesto. Fueron días emotivos entre los 168 competidores sudamericanos, incluyendo a algunos invitados, en una semana que incluyó 10 regatas y en la que también se definieron dos campeonatos por equipos (ver aparte). Dentro del marco único que ofreció la Bahía de Maldonado, el poco viento, entre 4 y 6 nudos, fue un verdadero contratiempo en los primeros días. Llamativo, sobre todo para aquellos que recuerdan los tiempos del bravo “soplido” por las aguas esteñas. Por entonces, fueron días en los que sobresalió el dominio brasileño, mientras que los argentinos avanzaron lentamente y su nivel creció de forma gradual. Acaso a la justa velocidad que le permitió el triunfo a Varisco. Tal vez el viento escaso haya sido, paradójicamente, uno de los mejores argumentos de Varisco, que sacó ventaja de su contextura física más pequeña que la mayoría de sus adversarios. En barcos que no superan los 35 kilos, a los más pesados les costó avanzar. Eso, sumado a la astucia del vencedor, resultó determinante para haber llegado al primer escalón del podio. “Me di cuenta de que podía ganar el título cuando terminó la primera parte del campeonato. Ahí estaba tercero. Al día siguiente corrimos por equipos y después tuvimos un día de descanso. El quinto día de regatas quedé primero y tuve que defender el primer puesto el último día”, describió Varisco. La gran alegría y la tranquilidad llegaron en la jornada final. De hecho, en la primera prueba del día se generó cierta incertidumbre porque Varisco quedó 20° (descarte), no tan favorecido por las condiciones climáticas con más viento y mar picado. Pero en la segunda bajó la intensidad del viento y Nacho recuperó el terreno y levantó los brazos al cielo con un tercer puesto que le valió una sola y dulce palabra: campeón. Si se buscan más representantes nacionales, habrá que hacer una mención sobre tres navegantes que terminaron entre los diez primeros: Klause Lange, el segundo mejor argentino, que salió 5°; Javier Krick, 6°, y Brian Higgins, 9°. El futuro se divide en dos para Ignacio. Primero se impone un vistazo a corto plazo, a los pasos inmediato en la incipiente carrera. “Voy a tratar de clasificarme para ir al Mundial en Malasia, que se va a correr a fin de año. Va a ser difícil porque se clasifican sólo cinco chicos argentinos”, aseguró. Y después proyectó una imaginaria película en su mente, esa que se salteó algunos capítulos en el calendario, como un dulce sueño: “Claro que me gustaría seguir navegando. También ser entrenador del Club Náutico San Isidro, mi club; después podría ser irme a trabajar afuera. También me gustaría poder llegar a correr algún Juego Olímpico”.
Leé el texto completo en la edición Nº 9 de Yachting Mundial
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